Anime — Las definiciones y su constante cambio

Debido a la salida de Castlevania en Netflix, el deseo de discutir acerca de todo en Internet ha sacado una vez más el tema, ‘lo que debe o no debe ser llamado Anime’.
Es bastante curioso como el occidente ha definido ‘Anime’ y como esa definición se ha vuelto problemática, un ejemplo muy claro lo hace Mother’s Basement en su video de hace unos meses “Avatar is an anime. F*** you. Fight me”. En el que expone cómo los moderadores de r/anime no aprobaron discusión de Shelter, un proyecto de A1 Pictures en conjunto con Crunchyroll, por no ser una serie animada, producida y publicada en Japón, destinado a una audiencia japonesa; ‘Anime’.

Pero para mí, en todos los sentidos de forma, estilo y temas, Shelter y Castlevania son claramente anime, lo único que los detiene de que algunos no lo acepten en el círculo del anime son sus créditos, pero, si esto es anime, entonces ¿cómo dibujamos la línea entre esto y los cartoons?

Más que establecer el significado de una palabra, una definición debe describir cómo se usa una palabra que ya está siendo usada. No puede ser tan estrecha cómo para dejar fuera usos generales de dicha palabra ni tan amplia cómo para abarcar ámbitos en los que no es usada, de lo contrario dicha definición no sirve para nada.

Al limitar tanto lo que el anime puede ser sólo por su lugar de origen estamos dejando fuera de la definición grandes obras que claramente se identifican con el anime, un ejemplo claro es To Be Hero o Quan Zhi Gao Shou (The King’s Avatar), series chinas que notablemente toman inspiración de Japón y que difícilmente puedes encontrar una diferencia muy notoria, o las recientes nuevas temporadas anunciadas de FLCL que están siendo creadas por Production I.G en colaboración con Toonami, eso tiene que ser anime, ¿cierto?.

Un uso común que he notado es que han llamado a series como Steven Universe, Avatar, Voltron y el mismo Castlevania cómo “cartoons estilo anime”.

Adoptan la palabra anime como parte del vocabulario sólo si se separa de el lenguaje occidental, es decir, considerarla un xenismo, para enfatizar su aspecto extranjero en lugar de integrarla a nuestro vocabulario sólamente es un gran indicativo de la fútil resistencia a dejar que los ‘cartoons estilo anime japonés’ sea simplemente ‘anime’, a parte de que es demasiado verboso.

Incluso la insistencia en llamar a toda la animación japonesa ‘anime’ trae sus propios problemas, incluso en Japón, muchos fans no considerarían algunas obras como ‘anime’, por ejemplo, cuando Atamayama (Yamamura Kōji, 2002) fue nominada a un Academy Award por mejor corto animado en 2003, fue relativamente ignorado por los fans del “anime”, incluso la entrada de este filme en Anime News Network dice “Algunas personas no consideran esto como Anime, más bien cómo Animación Japonesa Alternativa” aunque dicha entrada no explica que la difiere a esta del anime, está claro que algunos fans han dibujado la línea alrededor del concepto de ‘anime’.

El problema principal con la idea de que ‘anime es sólo animación japonesa’, tiene más fallas que aciertos, si uno se fija en la cantidad de animación que es subsidiado a compañías coreanas, el hecho de que deba ser un producto hecho en Japón cae muy rápido y termina siendo un camino cerrado para propósitos de análisis. Simplifica la expresión artística que es la animación en algo que no le hace justicia a el gran alcance y desarrollo que ha tenido a lo largo de su historia.

Es conveniente para aquellos que no piensan en el medio que consumen o la cultura en la que se desarrollan en ningún detalle más que de observaciones objetivas. Si no dejas que una palabra se desarrolle naturalmente tu conocimiento nunca deja de ser relevante, nunca tienes que actualizar tus conceptos. No tienes que apreciar cómo cambia el anime si nunca cambia. ¡Qué conveniente!

Todo esto nos lleva a lo siguiente: si el anime no se define por localización, debe ser por estilo. Muchos argumentan que esto no funciona, ya que el anime no tiene un solo estilo definido, y estoy de acuerdo, pero la solución yace en esto mismo, el anime tiene varios ‘estilos característicos’ que lo hacen destacar de otras formas de animación, estos estilos han ido cambiando a lo largo del tiempo y sin embargo todos son anime, porque aunque este estilo se ha ido desarrollando con el avance de la tecnología siempre se pueden notar ciertas características visuales constantes en cada uno de ellos.

Dichas características visuales son una pieza clave en el estilo del anime, pero no son todo lo que definen anime, son el resultado de muchas generaciones de artistas referenciando la historia de las expresiones creativas de sus predecesores en su trabajo, el anime es una red de muchos estilos de expresión, aunque algunos parezcan más ‘pertenecientes’ que otros, negar la pertenencia de una obra sólo por su diferencia geográfica es negar toda la historia de desarrollo que ha tenido esta forma de expresión.

 

El no creer que artistas occidentales pueden hacer ‘anime’ al emplear estas ‘características visuales’ es ignorar el desarrollo natural de una palabra que pasa de definir una especificación cultural a una cuestión de estilo, cómo lo ocurrido con la palabra Saga; un término que sólo describía episódicas narraciones en prosa producidas principalmente en los antiguos países nórdicos, y que su significado ha cambiado para referirse a ciertas cosas que toman y hacen referencia de tales historias. Hoy en día puedes leer un libro de ‘sagas’ nórdicas y jugar Candy Crush Saga, basado en el mismo principio de episódicas aventuras.

Al igual que con las sagas, las características de ‘anime’ también pueden ser encontradas en otros tipos de expresión artística, sin embargo es en la forma de ‘anime’ donde estas resuenan y se identifican más.

Las palabras cambian, su exclusividad geográfica se desvanece mientras su usa más ampliamente, sin atar su significado a una sola cultura. ‘Romance’ solía significar ‘escrito en una lengua romance’, hasta que los Ingleses quisieron escribir romances también, pero en inglés, y de igual manera los llamaron romances.
Hoy en día, nuestra definición moderna nos hace pensar inmediatamente en el amor y esas cosas cursis, bastante lejos de su definición original diría yo, incluso si la malversación de la palabra ocurrió hace mucho tiempo, el lenguaje no es definido por lo que un grupo de élite decide, sino por lo que las masas encuentran más apto para comunicarse. Si no podemos llamar a Castlevania un anime, ¿por qué llamamos a ciertos capítulos de Dragon Ball Z “La Saga de Freezer”?, ¿acaso Toradora no es un romance?

 

Continuar reduciendo ‘anime’ a animación japonesa es inútil hoy más que nunca para comunicarnos en el fandom. Si alguien trata de venderte algo cómo ‘anime’ sin tener las características visuales que hemos aprendido a reconocer gracias a toda nuestra experiencia viendo anime entonce deberíamos quejarnos, de otra manera, Castlevania es anime, sin importar quién lo haya hecho. Recientemente se ha anunciado que los mismos creadores adaptarán Metroid, y eso también será anime sin duda alguna, si Crunchyroll o Netflix vuelven a colaborar con algo que siga el ‘estilo del anime’ también lo será.

 

Mientras que ciertos ‘estilos característicos’ pueden definir alguna creación occidental cómo anime, también pueden significar incluir o excluir shows japoneses menos convencionales, las palabras pueden tener muchos significados y ‘anime’ debe servir a ambos, la tradición japonesa que ya conocemos de hace muchos años y la gran influencia que ha tenido mundialmente.

A pesar de todo, no creo que debamos irnos al otro extremo del espectro y tratar de definir anime sólo por sus características, estilo y forma visual, después de todo, el desarrollar la definición no tiene efecto en audiencia únicamente japonesa o lo que ellos han decidido que es anime, que es toda animación. Por ejemplo en el caso de Atamayama, o incluso las películas del studio Ghibli, podríamos llamarlas —y lo hacemos— ‘anime’  (a pesar de que un Miyazaki se rompa la espalda cada que lo mencionas) pero a mi apreciación tienen una falta de características estéticas que hacen a una persona común verlo y decir “ah, eso es anime”.

 

Supongo que lo que intento decir se puede explicar mejor de esta manera:

 

Creado con la influencia de distintas propiedades visuales japonesas No creado con la influencia de distintas propiedades visuales japonesas
De Japón Es anime Sigue siendo anime ‘a pesar de’
Extranjero Puede ser anime No es anime

He escrito ‘puede ser’ porque mientras que la distinción geográfica es objetiva, el sentido ideológico de ‘pertenencia’ cambiará dependiendo del caso, es aquí cuando he de separar la definición de anime de una especificación técnica y llevarla hacia una idea más abstracta; un Lebenswelt (Lifeworld, o mundo de la vida) un concepto de Edmundo Husserl que se refiere a todos los actos sociales, culturales e individuales a los que nuestra “vida” no puede sobrepasar. Así que mientras que podemos pensar en Atamayama ser ‘anime’ por ser una objetiva ‘animación de Japón’, no es algo que conecte con ningún otro ‘anime’ de una manera que se pueda relacionar ideológicamente, si te dijeran que es una animación francesa probablemente nadie consideraría otorgarle un lugar en el círculo, es falto de señas visuales características de el ‘mundo anime’ mientras que los diseños y la sensación de series como Kill la Kill o Hunter x Hunter se integran muy bien en este espacio, representando ambos ámbitos, el japonés y el anime como una idea más grande que sólo su estética.

Un ejemplo bastante claro de cómo entendemos ‘anime’ de una manera más allá de la geografía y construimos un ‘mundo’ a través de las redes sociales, es cómo el anime sirve como un núcleo en la mezcla de media Otaku; juegos moviles, light novel, visual novel, drama cd, manga y Fan Art. Sí, la idea de artistas occidentales dibujando y publicando “Chicas Anime” a pesar de que sean OC’s, personajes totalmente originales y divorciados de cualquier serie o ubicación, sin embargo podemos observar cómo ‘anime’ ha sido reinterpretado no como un discernimiento objetivo de origen sino como una idea de expresión más grande, esto se puede aplicar en el fan art ya que es evidente que estos trabajos han sido influenciados de gran manera por el estilo anime.

Castlevania claramente está inspirado en el aspecto directivo por el estilo de Yoshiaki Kawajiri, de hecho el staff ha dicho que entre las influencias más grandes para este proyecto se encuentra Ninja Scroll, el enfoque de sombreado que tiene creo que cabe perfectamente en la estética de creadores cómo Shinichiro Watanabe y Kenichi Suzuki, si fuera a hacer un AMV mezclando clips de Castlevania, Vampire Hunter D y Hellsing Ultimate, creo que estaríamos de acuerdo en que el estilo que comparten es muy similar, ninguno se vería fuera de lugar, eso es porque Castlveania ha tenido éxito al replicar la estética de estos ‘animes’, de lo contrario no existiría ningún debate al respecto, cómo no lo hay acerca de Bob Esponja o Los Simpson.

 

Al final de todo, creo que no deberíamos cerrarnos a la idea de expander cada vez más el círculo de la discusión, porque el medio sigue avanzando cada día más y nos quedaremos muy atrás antes de que nos demos cuenta. No crean que Occidente no puede hacer anime, que han estado haciendo ‘romances’ por mucho tiempo ya.

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